Respetando sus ritmos también al viajar en coche

Mi hijo fue uno de esos bebés que caen dormidos al encender el motor del coche…durante el trayecto del hospital a casa.

A partir de ahí los viajes en coche se convirtieron en todo un reto porque en poco tiempo desarrolló una completa aversión a viajar en coche.

Respetando sus Ritmos en Coche

Antes de tener a mi hijo desconocía que existía esta posibilidad, la información que tenía más bien avalaba la hipótesis que el ronroneo del coche solía tener un efecto calmante y tranquilizador en los bebés, habiendo escuchado historias de padres que recurrían a hacer un pequeño paseo en coche cuando su hijo no conseguía conciliar el sueño, pues nunca fallaba.

 

En nuestro caso fue distinto, no todo el mundo ha pasado por la experiencia de tener que llamar a familiares y amigos para mantener un diálogo del estilo:

–          No, lo siento, llegaremos tarde

–          ….

–          No, todavía no sé a qué hora….

–          …

–          Es que…el niño no quiere subirse a la sillita.

Una puede llegar hasta sentirse ridícula manteniendo esta conversación,  sabiendo que puede sonar absurdo si la otra persona no se ha encontrado nunca en la misma situación.

Todavía es peor tener en el mismo coche a personas con las que no compartes habitualmente el viaje en coche, que van alternando su mirada de ti a tu hij@ mientras la criatura en cuestión juega  con el volante, toca todos los botoncitos, pone en marcha el limpiaparabrisas o sube y baja las ventanillas, una, dos, tres… varias veces.

Tú sabes que después de ese ratito, será más fácil que acceda a colocarse en su  sillita por propia voluntad, pero cuesta una barbaridad mantenerse tranquila cuando el resto de ocupantes te están observando con mirada acusadora o murmurando «Yo esto no lo he visto en mi vida», «Si quisiera tirarse por un puente ¿también le dejarías?», o mi favorita «Bueno, yo esto no lo soporto más, me voy andando».

En estas situaciones es importante manejar la presión añadida para que no te afecte y se alargue todavía más el «periodo de adaptación».

¿Por qué hay bebés que no quieren ir en coche?

 

Siempre hay que descartar motivos concretos como ropas incómodas o malestar físico del bebé y asegurarnos que el tamaño y características de la sillita son los adecuados a su peso y estatura.

Cuando hablamos de recién nacidos o bebés pequeñitos, su incomodidad viene motivada por la falta de contacto y el sentirse en un lugar extraño,  lejos de la tranquilidad y seguridad que les proporciona el contacto con mamá.

Suelen ser niños que tampoco toleran bien el paseo en cochecito o se despiertan angustiados al notar que mamá no está a su lado.

Para estos casos lo mejor es mantenernos a su lado, tocándole, acariciándole, cantándole, de forma que note nuestra presencia.

Cuando nos referimos a bebés más mayorcitos, el motivo principal suele ser la incapacidad para gestionar el aburrimiento.

Estrategias distractoras

 

  • Para aquellos que estallan una vez iniciada la marcha:

Habitualmente suelen ser bebés y niños pequeños que entran en el coche sin saber muy bien dónde van pero que pasado un rato quieren salir de ahí.

Lo mejor en estos casos es anticiparte e intentar técnicas distractoras antes de que exploten:

  • Reservar algunos juegos y muñecos exclusivamente para el coche, que supongan una novedad y le llamen la atención.
  • Cantar, cantar y cantar la misma canción una y otra vez, aunque sea la melodía de un anuncio, si es algo que les suena familiar suele entretenerlos.
  • Ir anunciando en voz alta lo que nos encontraremos a nuestro paso  «Ahora viene un camión amarillo, ¿lo ves?», «Mira en esa casa, hay una señora en el balcón», etc.
  • Hablarle de lo que haremos cuando lleguemos a nuestro destino, explicándole a quién vamos a ver o qué haremos una vez allí.  En función de la edad del niño, es necesario hacerlo de forma teatral, con muchas pausas y cambios de entonación, y repitiendo la misma información en distintas frases.

 

  • Para aquellos que se resisten a montar:

Hablamos de niños de más de un año de edad, que se anticipan a lo que les va a pasar y se resisten físicamente a ello.  En estos casos puede ser útil:

  • Tener a mano un video en el móvil donde salgan ellos o personas que reconozcan.  Mientras se fija en la imagen, puedes atarle el arnés y poner el coche en marcha.
  • Llamarle la atención sobre algún coche que pase por ahí en ese momento «Mira, el coche rojo se va! Vamos a seguirlo, corre!» y ponerlo en su silla antes de que el coche rojo desaparezca.
  • Dejar que coja alguna de las cosas que había en el lugar que estamos dejando.   Parece mentira, pero a veces una simple piedra o rama les sirve para sentir que se llevan una parte de recuerdo y con eso tienen suficiente.

 

 

  • Sea cual sea la edad de nuestr@ hij@

  • Elaborar la ruta en función sus horarios y rutinas,  intentando que el viaje coincida con la hora de la siesta o aquellos momentos en que esté más descansado.
  • Ser flexibles e incluir en la planificación del viaje las paradas necesarias para que toda la familia coma y descanse, especialmente si viajamos con un recién nacido que necesita alimentarse frecuentemente.
  • Marcarnos expectativas realistas, las maratones de visitas y los niños pequeños son una mala combinación.
  • No tomar decisiones peligrosas como sacar al bebé de su sillita, es prioritario detener el vehículo en un lugar seguro para poder atenderle correctamente.
  • Planificarnos teniendo en cuenta las características de cada niño para que no se nos eche el tiempo encima cuando tengamos un compromiso que requiera nuestra presencia a una hora concreta.

¿Mi recomendación si nada de lo anterior funciona? Usar el transporte público Wink y ten siempre presente que se trata de una etapa transitoria que dejaremos atrás tarde o temprano, que nos servirá para desarrollar al máximo todo nuestro ingenio y creatividad, acompañando a nuestro bebé en situaciones que todavía no entiende ni sabe manejar.

About The Author

Neus Virgili

Licenciada en Psicología y madre de un niño. Sé por experiencia que la maternidad es un periodo vital muy intenso en el que florecen en nosotras sentimientos y emociones para los que nadie nos había preparado, pero se convierte también en una oportunidad única de desarrollo y crecimiento personal si sabemos darnos cuenta. Neus Virgili

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