La trampa de la independencia

 

Uno de los objetivos que compartimos  la mayoría de los padres a la hora de criar y educar a nuestros hijos es el poder ofrecerles las herramientas necesarias para aumentar su autoestima y que lleguen a ser  adultos seguros e independientes.

Con la mente puesta en esa futura meta, parece ser que cada vez hay más prisa por llegar a la tan ansiada independencia, perdiendo muchas veces de vista que no es algo que se pueda forzar ni acelerar, sino que es la consecuencia del correcto desarrollo y maduración del niño.

Es común ver cómo se exaltan las cualidades de los bebés que duermen en sus respectivas habitaciones desde los primeros días o de aquellos que juegan y se entretienen solos; como si se tratara de una competición en la que alcanzar logros lo antes posible fuera un éxito.

Pero se pierde de vista que el verdadero sentimiento de independencia del niño no se puede conseguir sin una base que lo sustente.

 

Necesidades emocionales de un recién nacido

 

El bebé humano llega a este mundo mucho menos preparado de lo que lo hacen otros mamíferos, se encuentra en una relación de dependencia absoluta.

No va a poder alimentarse, ni desplazarse, ni subsistir por sí mismo durante mucho tiempo; además, durante los primeros meses tampoco tiene desarrollado el lenguaje para poder transmitirnos lo que necesita.

Sus posibilidades de subsistencia quedan reducidas a garantizar la proximidad de un adulto que le ofrezca todo aquello que él todavía no puede conseguir por sus propios medios.

A la falta de experiencia interpretando sus gestos, movimientos y sonidos, se une el hecho que muchos adultos son incapaces de ver la vida a través de los ojos de un bebé e interpretan sus reacciones a través de la visión de un adulto.

Para poder tomar conciencia de la importancia de los cuidados y atenciones durante los primeros meses de vida del bebé resulta fundamental recuperar su perspectiva,  ponernos en su lugar para interpretar correctamente sus reclamos.

Sólo reconociendo la verdadera motivación de sus acciones podremos responder de forma rápida y efectiva a sus necesidades.


Los adultos habremos perdido el instinto, pero los bebés no


Los bebés nacen preparados para demandar lo que necesitan.   Incapaces de valerse por sí mismos, sus recursos irán enfocados a captar nuestra atención para que nosotros se lo facilitemos.

Nunca perdamos de vista que un bebé que llora está transmitiéndonos  una necesidad con el único recurso comunicativo con el que cuenta.

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Por lo tanto, un bebé que llora, reclama atención constante, se angustia considerablemente cuando su madre se aleja y se calma rápidamente cuando ella regresa, es un bebé SANO.

La calidad de las relaciones tempranas es vital para el desarrollo posterior, su importancia reside en que determinan la forma en que el niño experimentará el mundo.

Un vínculo seguro influirá de forma positiva en el desarrollo psicológico y emocional del niño.

La repetición de estas interacciones, en las que sus cuidadores detectan sus necesidades y responden adecuadamente, son las que le ayudan a desarrollar una expectativa de disponibilidad y le permiten poder predecir que su madre (o cuidador principal) acudirá cuando lo necesite.

Su confianza se verá reforzada al saber que sus necesidades van a ser atendidas, interiorizando que es digno de recibir cuidados y atención e intensificando su autoestima.

Esta seguridad en la respuesta del otro le permite crear un concepto de sí mismo como de alguien merecedor de cuidado, cariño y atención, lo cual fortalecerá su autoconfianza, y hará que su autonomía vaya aumentando de forma gradual y natural.

Recuerda: cuanto más se responda a las necesidades de dependencia de los niños, más preparados estarán para afrontar la vida adulta con independencia.


Necesidades silenciadas y sin respuesta


Llegados a este punto podemos preguntarnos qué sucede cuando las necesidades y peticiones del bebé no son correctamente escuchadas y satisfechas.

Aquellos bebés a los que se les deja llorar para «desarrollar tolerancia a la frustración«, o se les obliga a estar solos para «aprender que la vida es dura«, el único mensaje que están recibiendo es que sus necesidades no van a ser escuchadas y desarrollan unas expectativas hacia ellos mismos de rechazo e indiferencia.

Una vez llegada a esta conclusión, los bebés dejan de llorar y protestar porque se han rendido, han dejado de confiar en la respuesta de los otros y ya no esperan nada porque la experiencia les ha demostrado que sus necesidades no son tenidas en consideración.

¿Suena terrible verdad?


Falsa independencia

 

Su forma de sobreponerse a esta situación en muchos casos pasa por elaborar una estrategia de adaptación para evitar el sufrimiento:

  • Se inhiben.
  • Exhiben conductas de indiferencia ante la separación.
  • Desplazan su atención y rabia hacia objetos inanimados.
  • Fingen haber perdido el interés en relacionarse con sus cuidadores.

 

Este tipo de conducta, aparentemente independiente, podría ser considerada como positiva a simple vista, pero no se trata de un bebé sin angustia.

Investigaciones sobre los niveles fisiológicos de marcadores como el ritmo cardíaco han puesto de manifiesto que en situaciones de separación, estos están alterados aunque exteriormente no sea visible.

Los niños que han sido forzados a una prematura independencia, con frecuencia pueden dar la impresión de ser emocionalmente maduros; lo que a una tierna edad puede parecer un signo de emancipación y ser considerado como un logro altamente satisfactorio, no deja de ser un mecanismo de defensa.

El adulto seguro, confiado e independiente con el que soñamos, no se forjará de un día para otro ni a base de ir acelerando el ritmo de su desarrollo.

Es indispensable tomar conciencia de las necesidades y características de cada etapa evolutiva para poder ir avanzando poco a poco, respetando sus ritmos, dejando cada etapa bien asentada antes de avanzar a la siguiente.

Debemos alejarnos de las soluciones rápidas, porque la crianza no es algo que atienda a prisas y plazos marcados.

No debemos perseguir resultados rápidos que funcionen aquí y ahora, lo que pretendemos es establecer unas bases firmes y seguras sobre las que asentar la personalidad de nuestros hijos para que se conviertan en adultos emocionalmente sanos y seguros de sí mismos.

About The Author

Neus Virgili

Licenciada en Psicología y madre de un niño. Sé por experiencia que la maternidad es un periodo vital muy intenso en el que florecen en nosotras sentimientos y emociones para los que nadie nos había preparado, pero se convierte también en una oportunidad única de desarrollo y crecimiento personal si sabemos darnos cuenta. Neus Virgili

2 Comments

  • portakanguritos

    3 agosto, 2014

    Hola Neus, un artículo inmejorable, me ha encantado! Es lo que intento explicar a las futuras mamás que vienen a mis talleres de porteo para que entiendan la necesidad de contacto que tendrán sus bebés y la importancia de responder a sus demandas rápidamente. Pero tu lo has explicado mucho mejor y de manera más clara 🙂 Les recomendaré tu blog, das ideas buenísimas para organizarse en casa. Me acabo de apuntar al curso gratuito a ver si me organizo mejor las semanas! Cuido de mi hija de un año y trabajo desde casa y necesito organización! Un beso!

    • Neus Virgili

      3 agosto, 2014

      Muchas gracias Irantzu! Es un mensaje importantísimo y creo que la base para que mamás y bebés disfrutemos plenamente de esta etapa! Ojalá llegue a muchísimas famílias. ¡Espero que disfrutes del curso! 😉