La llave hacia el apego adulto

Cuando hablamos de crianza con apego nos referimos a criar a nuestros hijos de forma respetuosa y empática, reconociendo y respondiendo adecuadamente a sus necesidades de protección, seguridad y cercanía.

Según la teoría del apego, el establecimiento de un vínculo afectivo seguro con la madre o cuidador principal, sólo es posible cuando la figura de apego está disponible, es sensible a las necesidades físicas y emocionales del recién nacido y responde a ellas de forma adecuada.

La necesidad de seguridad es una de las más fundamentales necesidades a través de toda la vida

 

Aunque vivamos en una sociedad que nos fuerza a despegarnos, a no depender de los demás ni a necesitarlos, se trata de conductas desnaturalizadas, basadas en una distorsión cultural de la autosuficiencia.

Aunque las relaciones con la figura de apego tengan su momento de máxima intensidad durante la primera infancia, se trata de algo característico de la especie humana y que nos va a acompañar durante todas las etapas de nuestro desarrollo vital:

  • Durante la infancia las figuras principales de apego son los padres.
  • A medida que el bebé crece va a incorporar en sus relaciones vinculares a los abuelos, hermanos y otros familiares.
  • Durante la adolescencia, a pesar de que los padres continúan siendo las figuras de apego predominantes, empiezan a tomar especial importancia los amigos y a surgir las primeras relaciones románticas.
  • En la vida adulta suele ser la pareja quién se convierte en nuestra figura de apego principal.

 

El sistema de apego sirve para satisfacer nuestras necesidades afectivas durante toda la vida

Como dijo John Bowlby «Somos más felices, de la cuna a la tumba, cuando exploramos a partir de una base segura provista por la figura de apego«.

Problemas en el trabajo, enfermar, sentirnos rechazados o amenazados por otros…las situaciones que nos generan ansiedad o estrés activan nuestro sistema de apego, dando lugar a conductas o comportamientos que buscan la proximidad y protección de nuestra figura de apego principal; eso no es infantil ni inmaduro, forma parte de nuestra naturaleza humana y contribuye a nuestra salud y bienestar emocional.

A pesar de las variaciones a lo largo de nuestra vida, los patrones de conducta que dirigen estas interacciones tienen el mismo origen y persiguen el mismo propósito: promover la seguridad y la supervivencia.

Influencia del apego en la formación de modelos mentales de comportamiento

 

Aunque existen diferencias entre el apego infantil y el apego adulto, nuestras relaciones afectivas como adultos están relacionadas con nuestra historia de apego infantil.

El tipo de apego vivido durante nuestra infancia interviene en la formación de las estructuras mentales que marcarán nuestra forma de actuar y de entender las relaciones sociales.

Cuando nos cuidan y nos sentimos protegidos, se intensifica nuestra estabilidad emocional, contribuyendo a aumentar nuestro bienestar físico  y psicológico.  Al mismo tiempo que estamos obteniendo la confirmación de que es bueno buscar ayuda de otros, desarrollamos nuestra autoestima y autoconfianza.

Por el contrario, si vivimos situaciones de desamparo, existe falta de estimulación o apoyo, sentimos coartado nuestro desarrollo y se erosiona nuestra autoestima.

Aproximadamente el 80% de las personas mantienen el mismo tipo de apego desde la infancia hasta la vida adulta.

 

La imagen que tenemos de nosotros mismos, nuestra visión de las relaciones y las expectativas sobre los demás, comienzan a formarse e interiorizarse en los primeros meses de vida y son muy estables en el tiempo.

No obstante, esto no es algo inamovible, experiencias posteriores como el establecimiento de una relación de pareja satisfactoria o la propia maternidad, nos ofrecen la oportunidad de crecer, reflexionar sobre las experiencias vividas, reelaborar nuestra historia e integrar  tanto los recuerdos positivos como los negativos de un modo consciente.

Teniendo en cuenta la continuidad en los estilos de apego, podemos establecer que el enamoramiento, la concepción que tenemos de relaciones de pareja, nuestras expectativas y habilidades para relacionarnos y las reacciones ante la separación o pérdida del compañero dependen en gran medida de los patrones vinculares interiorizados durante la infancia y pueden interpretarse desde la teoría del apego.

En próximos artículos veremos cómo los celos, la vulnerabilidad afectiva, los mecanismos de defensa, el miedo a la intimidad y al compromiso están relacionados con la calidad de las relaciones afectivas vividas durante la infancia.

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Neus Virgili

Licenciada en Psicología y madre de un niño. Sé por experiencia que la maternidad es un periodo vital muy intenso en el que florecen en nosotras sentimientos y emociones para los que nadie nos había preparado, pero se convierte también en una oportunidad única de desarrollo y crecimiento personal si sabemos darnos cuenta. Neus Virgili

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