Dejemos que los niños jueguen libremente

Hace unos días estuvimos en un parque infantil navideño, además de las típicas atracciones inflables, camas elásticas y piscinas de bolas, había bastantes juegos tradicionales de madera: bolos, laberintos, zancos…

Un juego que llamaba especialmente la atención de los más pequeños era uno para pescar.

Las cañas, en lugar de anzuelo, tenían un imán y en una pequeña piscina de madera había varios peces de colores que tenían una pieza metálica para poder ser “pescados”.

Cualquier niño que empezaba a jugar caía hipnotizado en el juego, mostrando orgulloso sus capturas a sus padres mientras ponía a prueba sus destrezas y su coordinación óculo-manual.

Aunque se formaban buenas colas para poder jugar, tuvimos un golpe de suerte y pudimos acceder al juego sin esperar demasiado (todas las madres de niños pequeños sabemos lo que es intentar hacer cola o esperar turno con un niño pequeño, ¿verdad?).

A los pocos minutos se colocó a nuestro lado un niño de unos 3 años, que empezó a pescar igual que los otros.  Cada vez que conseguía enganchar un pez se lo enseñaba orgulloso a su padre, quién ya con su segunda captura le dijo “Venga, ahora uno de color azul marino”.

El niño movió su caña y pescó un pez marrón, y muy satisfecho se lo enseñó a su padre.

–  No, este no. Tienes que pescar uno azul marino. – dijo mientras retiraba el pez de la caña y volvía a tirarlo a la piscina-.

En ese momento contuve la respiración, me sentí mal, violenta, consciente de que algo acababa de romperse en el interior de ese niño.

Intentó pescar otra vez, su padre le iba insistiendo en el color que debía tener el pez y a los pocos segundos dejó la caña y dijo que quería irse.  Y se fueron…

 

¿Por qué intentamos dirigir el juego?

 

Muchos adultos consideran el juego como un descanso de la enseñanza, cuando en realidad el juego libre es el medio por el que se adquieren la mayoría de aprendizajes.

Los niños tienen una motivación innata para aprender, siempre que se les deje decidir espontáneamente hacer algo que les interese.

Cuando intervenimos excesivamente, pautando o dirigiendo el juego, frustramos su curiosidad natural y obstaculizamos su capacidad innata para explorar el mundo y establecer sus propias conclusiones.

También es frecuente que interfiramos para hacer notar los errores que han cometido, pero si aprendemos a esperar, la mayoría de los niños nos demostrarán que son capaces de detectar esos errores y encontrar la forma de hacerlo correctamente por sí mismos.

Muchas veces somos los adultos los que nos cansamos de ver cómo repiten una vez y otra vez la misma acción, e intentamos que pasen a otra actividad o varíen lo que están haciendo; pero la repetición es su forma de perfeccionar esa nueva habilidad que están adquiriendo.

 

La importancia del juego libre

 

A los niños les gusta jugar, explorar y practicar sin ninguna finalidad concreta, el juego no supone a estas edades ninguna competición, les gusta porque les permite adquirir nuevas habilidades y conocimientos.

En el momento en que interrumpimos el juego, lo pautamos o intervenimos excesivamente, deja de ser interesante para ellos.

Muchas veces lo hacemos con la mejor de las intenciones, porque pensamos que retándolos les va a parecer más interesante o simplemente porque algunos juegos los tenemos tan asociados a reglas concretas que nos cuesta verlos de otra forma, pero esa es una limitación de los adultos.

Ocurre algo maravilloso cuando nos apartamos y dejamos un espacio a los niños para que exploren y descubran sus propias asociaciones, cuando les dejamos inventar, crear y fantasear. 

Cuando damos un pasito atrás y nos mantenemos callados, dejamos de intervenir y observamos, es en estas ocasiones cuando vemos que unas piezas de dominó pueden convertirse en un castillo apilable o que las piezas encajables, en lugar de ir todas bien colocadas, pueden convertirse en bólidos de carreras que circulan velozmente por carreteras imaginarias.

 

Todos los niños aprenden a través del juego

 

Todo niño que juega, que intenta hacer algo por sí mismo, pone a prueba sus capacidades cognitivas, sensoriales y musculares, que deben coordinarse para que tenga lugar el aprendizaje.

María Montessori observó que todos los niños tienen una motivación innata para aprender; en realidad nadie puede impedirles que lo hagan.

Merece la pena hacer un esfuerzo para comprender la mejor forma de alimentar esto y desarrollar una actitud positiva hacia las cosas que se espera que nuestros hijos tendrán que aprender en las diferentes etapas de su educación.  (Lesley Britton)

Los adultos nos perdemos muchos momentos mágicos por no poder conectar con las emociones y pensamientos de los niños pequeños así que, en lugar de intervenir, tomemos un tiempo para observar a nuestros hijos y disfrutar de sus ocurrencias, quizás así se nos acabe pegando algo de su creatividad y recuperemos el placer por lo espontáneo.

About The Author

Neus Virgili

Licenciada en Psicología y madre de un niño. Sé por experiencia que la maternidad es un periodo vital muy intenso en el que florecen en nosotras sentimientos y emociones para los que nadie nos había preparado, pero se convierte también en una oportunidad única de desarrollo y crecimiento personal si sabemos darnos cuenta. Neus Virgili

4 Comments

  • Nayeli

    7 febrero, 2014

    No cabe duda que la maternidad nos toca fibras que estaban en reposo. A mi me pasa igual que cuando salgo a algún lugar donde hay niños sin querer observo el comportamiento de ellos mismos y de los padres. Que lástima que el niño haya acabado desanimándose por que no logró obtener lo que su papá esperaba. Estoy totalmente de acuerdo en que debemos permitirles a los niños ser los protagonistas del juego y sólo estar alertas por sí se da algún encontrón entre ellos. A mi me encanta observar a mi hija cuando juego con otros niños para darme una idea de su personalidad lejos de su zona de confort (mamá/papá/casa), si llega haber alguna discrepancia de opinión con otro niño estoy atenta, pero en ocasiones ella ha podido resolver bien la situación y sigue el juego. Seguramente el papá no tenía la intención de dirigir su juego, pero me parece importante que hayas escrito esta anécdota para saber que no es la mejor forma de actuar.

    • Neus Virgili

      7 febrero, 2014

      Qué alegría leerte por aquí Nayeli!! Tienes razón, la mayoría de las veces actuamos por puro desconocimiento y con la mejor de las intenciones, pero es algo de lo que deberíamos tomar conciencia, aunque nos demos cuenta cuando ya hemos intervenido, siempre podremos reconducir la situación o aumentar la capacidad de refrenarnos la vez siguiente. Un besazo!!!

  • Judith

    23 diciembre, 2014

    A mí es que no se que me pasa a veces que me cuesta un monton conectarme con su juego. Son varones los dos… las batallas entre muñecos y los video juegos nunca se me han dado bien pero de verdad que me esfuerzo y a lo mejor ahi esta rl problema. Como hacerle en este caso? Cuando la cosa es física como correr… trepar o brincar salgo un poco mejor parada…. habra que seguir intentando pues…. gracias Neus… una penita lo del chiquito… me voy a anotar esa para observarme mas. Un beso gordo guapa!

    • Neus Virgili

      23 diciembre, 2014

      Normalmente lo mejor que podemos hacer es observar con curiosidad genuina, sin ideas preconcebidas, sin deducir, sin dejar que nuestra visión de adulto interfiera… Para convertirnos en acompañantes de su aprendizaje